UN DIA DE ACEITUNA, EN CARBONEROS.

ACEITUNEROS DEL PIO-PIO…… UN DÍA MÁS EN LA ACEITUNA.

¡Hora de levantarse!, arriba caballo moro, que ya llegó la alborada…………

Uf, qué rápida ha pasado la fría noche. A desayunar, hacer las camas, aviar la casa y colocarse la ropa aceitunera.

Hace frío, hay que ponerse varias capas de ropa, gorro, guantes, estamos poco glamurosas, nos miramos unas a otras y vienen las risas. Aunque a medida que entremos en faena y el sol vaya subiendo habrá que ir pelándose cómo las cebollas.

Que mejor sombra, para un carbonerense.

Que mejor sombra, para un carbonerense.

Ayudamos a cargar las varas, los mantos, los sacos, las cuerdas para los sacos,( que alguna vez han dado quebraderos de cabeza su falta, ¡ que no se olvide nada!. Y por supuesto la merienda, que no falte ni pan, ni agua, ni esa ensalada aceitunera con tomate en conserva del verano anterior, y ¡ qué rica está ¡, con agujetas, cebolletas, aceitunas verdes machacadas o negras rajadas. Subimos la cuadrilla al coche, aprovechando cada centímetro, un Land Rover que se conoce los caminos que tiene que seguir, y los guantes de goma en el bolsillo, esenciales para proteger las manos. En el camino poca conversación, está el cuerpo entumecido de la paliza de trabajo del día anterior, y el descanso a sabido a poco. Cuando llegamos al tajo, vemos que la noche al pasar a hecho de las suyas y sin darnos cuenta a dejado el campo cubierto de una fina capa de frío, que cuando el sol la ilumina, se transformará en suelo de cristalillos a la vista.

Tronco de vida centenario.

Tronco de vida centenario.

Ahora a descargar los sacos, los mantos, varas, ” vibroli”, espuertas, etc, ya es un no parar. A desatar los mantos, y a ponerlos bajo las olivas, cubriendo la mayor parte de suelo posible, a continuación de la última oliva que cogimos ayer.

¡ Tira p’ allá ¡, noooo……, que así no, vete al otro lao, coge de allí, ufff, ¡!! Ya empezamos!!!

Los recogedores esperando a que haya aceituna en el suelo y amontonarla si no se han puesto mantos, con los rastrillos. Las sopladoras funcionan a toda máquina, sonando como 1000 elevado a 6 insectos zumbadores, haciendo el “rosco” alrededor de la oliva. Después se hacen montones con las aceitunas del “ rosco” y se recogen con las espuertas, que una vez llenas se vacían en el remolque que está enganchado al coche ó en sacos.

Las varas limpian lo que la “vibroli” no ha tirado al suelo. La aceituna que cae en los mantos se reúne y se vacían en un solo manto, quitándole los tallos derribados con el vareo, seguidamente se echa en las espuertas.

¡Rápido, los mantos ya están puestos de nuevo!, las varas no pueden parar. Así, un bucle, hasta la hora de comer.

¡Qué bien está esa ensalada!, no tiene desperdicio, y ese tocinillo asado, y esas chuletas, sin menospreciar los chorizos y las morcillas. Al postre, plátano y naranjas, que bajan la pringue.

_ ¿ Qué os parece si echamos otro rato?…..

_ Vamos a dar otro achuchón, a la faena….., ya queda poco.

Tierra generosa en Aove.

Tierra generosa en Aove.

A la hora de “dar de mano”, el jornal ganado, recogidos los enseres y bien atados, ( que no se pierdan por el camino), “te sientas donde sea”, que relajación, por el trabajo hecho. A la puesta de Sol, a contraluz, los insectos, se entrecruzan y revolotean, el fresquito se nota, ¡ otro día más!, ó depende cómo se mire, ¡ otro día menos!.

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