PUERTO DE LA FELICIDAD

PUERTO DE LA FELICIDAD.

“Nacimos con el Fuero para la Concordia de los Pueblos”.

 

Saludos a todos.

 

Europa tenía los ojos puestos en Andalucía, esperaba el resultado de la empresa emprendida por el rey borbón Carlos III, “la colonización de Sierra Morena”, su prestigio estaba en juego y se había formado por tanto una gran expectación pública en los reinos europeos.

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Centroeuropa estaba inmersa en el siglo  XVIII en una crisis económica, su población buscaba alternativas de futuro y la llegada a aquellos países de los planes de colonización de tierras españolas que tenía el rey español ilustrado, mediante los panfletos que Thürriegel había llevado y repartido durante el viaje que hizo para reclutar colonos, no lo veían con buenos ojos, y no fueron bien recibidos.

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“El Puerto de la Felicidad” que así llamaban a ese paraiso que ofrecían a los colonos, tuvo un comienzo muy atropellado. Su creación se debió a un proyecto anterior al reinado de Carlos III (Fernando IV, hijo de Carlos III, heredero al trono de Nápoles), pero fue este rey el que lo hizo realidad. Un proyecto “ ilustrado” elaborado por Campomanes, Ministro de Hacienda, (uno de los ministros de la Ilustración) y encomendado a D. Pablo de Olavide, el proyecto de la Colonización de las grandes extensiones despobladas existentes en el curso del Camino Real de Andalucía, que transcurre desde Madrid a Sevilla abarcando el desierto de Sierra Morena, en el Reino de Jaén; el desierto de La Parrilla, entre Córdoba Y Écija, y el desierto de la Monclova, entre Écija y Carmona.

 

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El objetivo era favorecer la seguridad del tráfico de personas y mercancías que circulaban por el Camino de Andalucía, de los peligros del Bandolerismo.

 

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El modo de contrarrestar aquellos peligros era dar vida y crear riqueza, fomentando la agricultura y la industria en esta sierra despoblada. Uno de los requisitos que debían cumplir aquellos centroeuropeos para formar parte de las colonias e iniciar el viaje hacia España, es que debían ser católicos y tener conocimientos del cultivo de la tierra y de la cría de ganado.

 

Los colonos que se aventuraron en tal empresa eran principalmente alemanes, aunque también hubo flamencos y suizos. En posteriores remesas, hay documentos que acreditan que vinieron colonos genoveses, italianos, portugueses y españoles, sobre todo de la zona del Levante español. En el caso de Carboneros los colonos eran alemanes y españoles. Con la idea de implantar una nueva sociedad, que tuviera una organización social libre del resto de la Nación, libre de las restricciones jurisdiccionales del Antiguo Régimen, se redactó el “Fuero de las Nuevas Poblaciones”, que se encargó de regular los aspectos de la vida económica y social de estas colonias. Las Nuevas Poblaciones se rigieron por fueros especiales, distintos a las demás ciudades y pueblos del Reino de Jaén, hasta que se produjo la división provincial en 1833, en la que el Fuero desaparecía. El Fuero de las Nuevas Poblaciones fue aprobado el 5 de julio de 1767 y regulaba los lotes de tierra (suertes), las cabezas de ganado, la distribución de las colonias y las distancias entre estas, los equipamientos de dotación para las nuevas colonias (escuelas, pósitos, iglesias, posadas, casas del Concejo, casas de curas, cárceles, carnicerías y las casas particulares de los colonos) y un programa completo de ordenación territorial y urbano. La “dotación” destinada a los colonos fue recibida tiempo después de que llegaran a estas tierras, y sufrieran las inclemencias del tiempo, enfermedades y des-organización, tiempos duros para aquellas almas; pues los primeros colonos se encontraron desprovistos de casa familiar cuando llegaron, y las chozas que habitaban no eran adecuadas para la estación invernal.

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Los supervivientes de aquellos primeros colonos, al igual que el resto recibieron para su establecimiento y la creación de su hogar en la colonia, lo siguiente:
_ Una casa hecha, en la que había camas, mantas, jergones y demás enseres.
_ Aperos de labranza: Un pico, azada, hacha, martillo, arado, cuchillo de monte y otros útiles. A los pobladores que eran artesanos se les suministraban las herramientas propias de su oficio.
_ Dos vacas, cinco cabras, cinco ovejas, cinco gallinas, un gallo y una cerda de vientre.
_ Una, dos o tres suertes de 800×300 varas cada una (668,78 metros por 250,77 metros), es decir, las propiedades tenían una superficie mínima de 33,5418 Has.
_ La ayuda de pan y prest prevista para el primer año, se tuvo que prorrogar tres años más,hasta septiembre de 1770 en que las condiciones comenzaron a ser favorables. Esta ayuda de pan y prest se repartía a los colonos que no habían tenido buena cosecha, para que la hambruna no se instalara en estas tierras y se hizo el reparto de la siguiente forma:
– A los mayores de 16 años se les daba un real de vellón diario y una ración de pan de 24 maravedíes.
– De 10 a 16 años se les entregaba 6 cuartos y una ración de pan de 24 maravedíes.
– A los menores de 10 años, 4 cuartos y media ración de pan.

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La Intención de que saliera hacia delante este magnífico proyecto, tendría el fruto esperado años después, mientras había que hacer lo posible por que no cayese en ruina la inversión hecha y por supuesto la vidas de personas humanas y su calidad estaba en juego. Así pues, las colonias se establecieron en sitios sanos, bien ventilados y en los cuales no se estancasen aguas, para evitar enfermedades. Se conocían como feligresías, aldeas o colonias, y todas en conjunto como Nuevas Poblaciones. El primer punto que se determinó en el mapa fue el Convento de La Peñuela, de religiosos carmelitas descalzos, en el Reino de Jaén, en cuyo sitio se formó una población de 40 vecinos, alemanes, flamencos y suizos, conocida hoy por La Carolina. Siguiendo el curso del Camino Real dirección Cádiz, se estableció un lugar de 10 vecinos en las Navas de Linares, a media legua distante de La Carolina, que hoy en día no existe. A continuación a otra media legua, se situó otra feligresía de 10 vecinos, en Carboneros, sitio especialmente vulnerable al paso de los viajeros, pues en este tramo eran continuados los asesinatos, los asaltos y los crímenes a manos de los bandoleros. Sitio especialmente virulento en las inmediaciones de Carboneros el llamado “Cerrillo de los ladrones”, cuyo nombre se debe a que los bandoleros encontraban en este puntal, refugio y un punto de vigilancia, dada la orografía de Carboneros, desde el que esperaban escondidos a sus víctimas, pues el paso era obligado por aquel camino, así que el trayecto de Carboneros era perfecto para cometer sus fechorías.

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Carlos lll, designa a D. Pablo de Olavide, Intendente de Sevilla y del Ejército de Andalucía y Superintendente de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena Y Andalucía, y le encomienda los proyectos de colonización. D. Pablo de Olavide designa como capitales de las Nuevas Poblaciones a La Carolina, en el Reino de Jaén, y La Carlota en Sevilla, tras esta determinación, traslada su residencia desde Sevilla al Palacio de la Intendencia en La Carolina (Jaén), antiguo convento carmelita. El proyecto de la colonización en Andalucía estaba en marcha y Thürriegel presenta la capitulación el 18 de octubre de 1766, desde esta fecha hasta que llegaron los primeros colonos a La Peñuela el 8 de septiembre de 1767, apenas había transcurrido un año, durante el cuál no se había acondicionado la zona a poblar y el tiempo apremiaba. Hubo muchos contratiempos, así que afloraron la improvisación, las prisas y los imponderables. Algunos colonos se desilusionaron al llegar a su destino y comprobar que lo que se ofrecía al reclutarles en Centroeuropa, no era lo que tenían ante sus ojos, y pidieron que se les devolvieran sus pasaportes, pues querían regresar a su país de origen. Hay datos sobre colonos que desertaron de las colonias y partieron hacia Andalucía, y los que volvieron a sus países de origen contaron horrores del supuesto “Puerto de la Felicidad”.

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Los colonos que decidieron quedarse por distintas razones, sufrieron las inminentes y duras inclemencias del tiempo(pues dada la fecha de llegada, el invierno estaba al llegar), la falta de vivienda que no se ahogase en lluvia, el terreno sin roturar y limpiar de monte, enfermedades y la aglomeración de colonos que no dejaban de llegar a las colonias. La colonización de Sierra Morena fue la antítesis de Babel, pues la primera generación de colonos apenas llegó a conocer la lengua materna, los mayores tardaron en aprender el castellano y algunos ni siquiera eso. Al desorden con el lenguaje intentaron buscarle remedio trayendo capellanes que hablaran su mismo idioma, pues muchos colonos no pudieron confesarse durante algún tiempo, algo grave, pues eran católicos, dada la dificultad de entenderse con los españoles, así esta dificultad de entendimiento fue tal entre los capellanes extranjeros y españoles, que al determinar los nombres y apellidos de los colonos, la edad, el estado y el lugar de procedencia, existan errores gramaticales al hacer la traducción del idioma de origen al castellano, en los Archivos Parroquiales de cada colonia. Los mismos colonos nacidos en provincias, que hoy no son alemanas se identificaron como alemanes. Así, Jacobo Pix, en su testamento dice que es vecino de la Población de Carboneros y natural de Alemania, obispado de Estrasburgo.
El 9 de marzo de 1768 el Subdelegado D. Miguel de Jijón, comunica a Muzqui que en Carboneros ya estaban situados 233 individuos. El socorro diario de pan y prest a 30 de noviembre de 1768 entre los individuos que existían en el Departamento de Carboneros y que estaba dividido en cuatro puntos, daban para 357 individuos, 327 raciones de pan y un prest diario de 311,04 reales de vellón. Conscientes de que todos los problemas eran el resultado de las improvisaciones y prisas, de las que había muchos culpables, el tiempo otorgaría el aprecio que se merecía dicha empresa, pues se llevó a cabo un hecho glorioso y digno, sin guerra, y que añadiría al Reino de España nuevas colonias formadas en el transcurso del reinado de Carlos III. Este rey borbón había conseguido lo que ninguno de sus predecesores se atrevió a emprender. Las colonias comenzaron a coger la forma esperada, las iglesias se abrieron al culto sin haber puesto la pila bautismal; D. Juan Lanes Duval, Capellán Mayor, bendijo la Iglesia Carmelita de La Peñuela el 9 de julio de 1769. A oficiar los servicios espirituales en la Parroquia de Carboneros, acudían Lanes Duval y los otros capellanes de La Peñuela en 1769. La Iglesia de Carboneros es de estilo Neoclásico, representa el nuevo tipo de arquitectura que explosionó en el siglo XVlll. Primero se edificó la parroquia, y la espadaña se incorporó tardíamente, señalando que era el edificio oficial de mayor altura de esta colonia. D. Andrés Toledo hizo los adornos y la guarnición de la Iglesia de Carboneros, la “Parroquia de la Inmaculada Concepción”, patrona de las colonias de las Nuevas Poblaciones, ya que el rey Carlos lll era devoto de la Santísima Virgen de la Inmaculada Concepción. En esta iglesia se hizo el retundido de la fachada en 1788; también se terminó la casa del párroco y del sacristán, situada al lado de la fachada de la misma iglesia, y otras 8 viviendas nuevas.
El Obispo de Jaén señaló que en la Parroquia, doblaran las campanas a muerto cuando la ocasión lo requiriera, (en contra de la opinión del Intendente D. Pablo de Olavide), que se asistiese a los entierros, que no se cantasen cánticos, que las mujeres fuesen a misa con la cabeza cubierta, que se pusieran imágenes de santos en la iglesia, que se fomentasen y establecieran las cofradías del Santísimo y de Ánimas, y que el párroco usara hábitos para oficiar la Santa Misa. Como en la población colonial no disponían de suficientes capellanes en 1769, D. Pablo de Olavide comprende la necesidad de que cada religioso tuviera caballo para acudir rápido a las necesidades espirituales de sus respectivos feligreses, que fuesen urgentes y repentinas, ya que en cada colonia, los habitantes estaban dispuestos en Departamentos. El 1 de diciembre de 1769 les fueron otorgados a cada párroco 5000 reales anuales para mantener al animal. A consulta del Consejo de Estado el 18 de agosto de 1777, se aprueba la expulsión de los jesuitas de España, por tal decisión, los capuchinos deberán abandonar las colonias por Orden de Carlos lll. El Obispo de Jaén visitó las colonias por aquellas fechas, y su visita a Carboneros se hizo en el mes de diciembre del mismo año. Expulsados los capuchinos y ante la imposibilidad de encontrar religiosos que hablaran el idioma alemán, ya que los colonos de Carboneros eran alemanes, D. Juan Rubio es trasladado a Carboneros para dedicarse al estudio de esta lengua y por autorización del Obispo de Jaén, también administraba los sacramentos a los feligreses alemanes. D Juán Andrés Duchaine fue nombrado sacristán y maestro escuela en Carboneros, su sueldo diario era de 3 reales y abastecía a una población de 413 habitantes. Todos los niños y niñas debían ir a la Escuela de Primeras Letras y debía de haber una escuela en cada Concejo, situándose cerca de la Iglesia para que pudieran aprender también la doctrina y la lengua española a un tiempo (Art. 74 del Fuero).

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En la Aldea de la Escolástica en 1788, se reedificaron 7 casas de colonos y se produjo la demolición de 4 cuerpos altos, a modo de torres, en los ángulos de la plaza, esta aldea estaba separada de Carboneros, aunque ahora forma parte del pueblo como tal. El 12 de septiembre de 1795, es nombrado D. Antonio Losada como Arquitecto de mérito de la Academia de San Fernando, Director de las obras de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía. Losada dibujó el plano de la clásica vivienda colonial de Andalucía e hizo un presupuesto en el cual se detallaba una exposición de materiales y precios el 5 de agosto de 1796. Para hacer una vivienda colonial se necesitaba:
– Por 17.000 ladrillos a 120 reales el millar………………………………………2040 reales.
– Por 1500 fanegas de cal a 1,5 reales cada uno ……………………………..2250 reales.
– Por 23 entresuelos a 25 reales cada uno ……………………………………… 575 reales.
– Por 38 piernas de tijera a 6 reales cada una …………………………………. 228 reales.
– Por 10 tirantes a 15 reales cada uno ……………………………………………. 150 reales.
– Por 28 varas de soleros a 2 reales y cuartillo cada una…………………. 63 reales.
– Por 40 tablas de Flandes a 26 reales cada una …………………………….. 1.040 reales.
– Por 300 tejas a 200 reales el millar………………………………………………. 600 reales.
– Por el valor de puertas y ventanas………………………………………………. 1200 reales.
– Por la manufactura de la fábrica de dicha casa se consideran…….. 2000 reales.
– Por la clavazón se consideran………………………………………………………. 300 reales.
– Por 24 fanegas de yeso que se necesitan a 2,5 reales cada una…… 204 reales.
– Por la manufactura de la carpintería del encaramado y armadura. 300 reales.
Total…………………………………………… 10.950 reales.
Una de las preocupaciones de D. Pablo de Olavide fue que una vez bien establecidas las colonias y comenzasen a dar beneficios, no se instalara la ociosidad en las colonias y por tal motivo se sancionaba a toda persona que formase una taberna sin permiso de los Inspectores y fomentó la incorporación de la mujer al trabajo a parte del trabajo diario en la casa. A finales de 1773, ya estaban en funcionamiento en las Nuevas Poblaciones ochenta y un telares, en los que se tejían albornoces, estamentas y barraganes que son los géneros que utilizaban para vestir las personas, según la moda de aquella época, y que para abastecer a la población española tenían que traer de Inglaterra, con perjuicio para la economía de España. En los telares se tejían lana, pues el Reino de Jaén, La Mancha y Córdoba podían suministrar la lana a precios bajos, y no había que traerla de la lejanía, encareciendo el producto. También había dos alfarerías, cuatro jabonerías, y dos talleres de cerería.

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El cultivo del cáñamo y del lino, junto con el trabajo de la seda, ya que se plantaron moreras para sacar la seda con más perfección que se hacía en Valencia y demás provincias de España, completarían la gama de productos de estas Nuevas Poblaciones. Olavide escribió estas letras felicitándose por esos avances:
“Ya las colonias muestran un dechado muy diferente. En ellas no se ve ocioso ni mendigo. Los muchachos todos tiene aplicación, y no hay mujer que no ayude a su marido o no gane el pan con su propio trabajo, pues toda persona o trabaja en el campo ó halla destino en las fábricas que se van introduciendo”.
A las mujeres que habitaban en las colonias se las enseñaba a administrar el dinero para el sustento de la casa y de su familia, a ser buenas madres, a tejer lanas y lienzos, a devanar y encañar seda, a hacer encajes, a coser ropa de uso diario para la familia, a vestir ropas decentes, a estar aseadas, tanto ellas como los niños y niñas que hubiese en la familia; las niñas además tenían que ir a la escuela para aprender el Catecismo y la Lengua Castellana, y para incentivar la asistencia se premiaban a las niñas que destacaban y se esforzaban en su aprendizaje y trabajo, para así dar ejemplo e infundir la semilla de la superación.

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La primera representación artística de los trabajos de la mujer, se produjo en una talla en piedra, actualmente está en las columnas que están en el Paseo del Molino de Viento en La Carolina. En la piedra central se pueden observar imágenes de trabajos cotidianos de las mujeres, varias mujeres sacando agua de una noria con cubos, dando de beber a los animales, lavando ropa y llevando sus cestas con fruta ó ropa lavada. Las labores de las mujeres en la casa comenzaban al despertar el día, echando de comer a los animales que tuvieran en su corral, atendiendo al marido y a los hijos, ropas y desayuno, limpieza de la casa, hacer la compra, lavar la ropa en los ríos, manantiales o fuentes, hacer la comida…….. Y por si acaso tenía tiempo libre, se les proporcionó a cada mujer un torno para hilar, D. Pablo de Olavide repartió 500 tornos.

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También colaboraban trabajando en el cultivo de la tierra si era menester, quedando los habitantes de los pueblos vecinos andaluces sorprendidos de ver a mujeres con utensilios de agricultura en mano. Se creó una mujer trabajadora en las colonias, y esa condición aún perdura en el tiempo.
La “Colonización” no consiguió crear la esperada sociedad ideal que se pretendía y los problemas que surgieron de la convivencia de las personas fueron idénticos a los de los demás pueblos, a pesar del Fuero de las Nuevas Poblaciones, quizás 1835 fue una fecha decisiva para las colonias de Carlos lll.

Carmen María de Carboneros ©

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